
Primero Dios, con Gerardo Farías
ROMANOS 4 - ABRAHAM, EL PADRE DE LA FE
En Romanos 4, Pablo presenta a Abraham como un ejemplo de una verdad fundamental del evangelio: no somos justificados ante Dios por nuestros méritos, sino por la fe. Pablo le esta explicando a la iglesia en Roma, la cual esta compuesta por judíos y gentiles, que la justicia no se alcanza por la obediencia a la Ley, sino por la fe en Jesucristo; y para explicar esta verdad fundamental, Pablo usa el ejemplo de Abraham. Abraham no fue declarado justo porque hubiera alcanzado la perfección espiritual, sino porque creyó en la promesa de Dios. Su fe no descansaba en sus propias capacidades, sino en el poder y la fidelidad de Aquel que le había hablado y hecho las promesas. Cuando Dios le prometió un hijo, Abraham era anciano y Sara era estéril. Humanamente, la promesa parecía imposible. Sin embargo, Abraham aprendió a mirar más allá de sus limitaciones y a confiar en el Dios que da vida a los muertos y llama las cosas que no son como si fueran (Romanos 4:17). Aquí encontramos una lección extraordinaria: la fe no consiste en negar nuestras dificultades, sino en reconocer que Dios es mayor que ellas. Tal vez hoy enfrentas circunstancias que parecen no tener solución. Quizás has orado durante mucho tiempo sin recibir la respuesta que esperabas. Recuerda que la fidelidad de Dios no depende de lo que tus ojos puedan ver, sino de lo que Él ha prometido. Pero Pablo nos lleva todavía más lejos. La misma fe que tuvo Abraham es la que nos permite recibir la justicia de Cristo. Nuestra salvación no descansa en nuestras buenas obras, sino en Jesús, quien «fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación» (Romanos 4:25). Te invito a que hoy dejes de mirar tus méritos como fundamento de tu aceptación ante Dios. Confía en Cristo, descansa en su justicia y permite que esa fe transforme tu manera de vivir. Señor, perdóname por las veces en que he confiado más en mis capacidades que en tus promesas. Aumenta mi fe y enséñame a descansar en la justicia de Cristo. Que, como Abraham, pueda confiar en ti aun cuando no comprenda tus caminos. En el nombre de Jesús, amén.

