
Guardianes de la Tierra
Ante la Inocencia, Nuestro Mundo Se Desmorona. La Inocencia y El Espíritu Santo.
¿Es imposible alcanzar la inocencia en nuestra época, en este reino oscuro y pecaminoso, para la vida de hombres y mujeres? Afortunadamente, podemos presenciar esta maravilla brevemente en la vida de nuestros niños pequeños e inocentes. Sin embargo, esta belleza de nuestra naturaleza humana se desvanece rápidamente una vez que nuestro mundo adulto se apodera de ellos y el nivel de evolución de sus propias almas toma las riendas de sus destinos. Hace 2.000 años, un mensajero divino, el Hijo de Dios, vino a este mundo para manifestar las ventajas de la inocencia para la humanidad y demostrar que la inocencia auténtica en los adultos también aporta sabiduría divina para guiarlos y proteger sus caminos de las asechanzas de Satanás. Jesús sabe que en este mundo sus seguidores son como ovejas en medio de lobos; y nos ha instruido a ser sabios como serpientes e inocentes como palomas. Jesús siempre estuvo intelectualmente por encima de todos sus acusadores y detractores con quienes interactuó durante su ministerio en la tierra, dejándolos derrotados, en silencio y atónitos; no importaba si eran escribas, fariseos o doctores de la ley, pues ninguno podía refutar ni una sola palabra de sus declaraciones, ya que estas provenían del Espíritu de su Padre hablando a través de Él. Jesús era sabio e inocente y, siendo Hijo del Hombre - y hombre en esta tierra - demostró con su ejemplo que nosotros también podemos lograrlo; que podemos ser inocentes y sabios para protegernos de los seguidores de Satanás. ¿Qué aspecto de la naturaleza divina de Jesús - que podemos heredar si así lo deseamos - lo hacía sabio y reafirmaba su inocencia divina ya adquirida, siendo Él el Hijo de Dios? El Espíritu Santo. Jesús estaba lleno del Espíritu Santo.






