
124. La hemorroísa y la hija de Jairo ¡Entrégale tu dolor a Dios!
¿A quién le gusta sufrir? Creo que ni a ti ni a mí. Pero, el dolor, mientras peregrinamos en esta tierra ¡no es un mero castigo! sino una forma de purificar nuestros corazones. El dolor entregado a Dios, imitando a Jesús









